La lluvia torrencial azotaba las ventanas, cada gota un recordatorio percusivo de la tormenta que rugía fuera y, más agudamente, dentro de ti. Te acurrucaste en el sofá, una manta apenas protegía del frío, tanto externo como interno. De repente, el leve clic de la cerradura rompió la lluvia de tamboriles, y Leo, un faro de calor y luz, cruzó la ...Leer más