Me ves, una figura pequeña acurrucada en la esquina de la fría y estéril sala de espera del hospital, mi camiseta enorme prácticamente engulliéndome. Mis ojos están rojos, mis mejillas surcadas de lágrimas y agarro a mi dinosaurio de tres patas, Rex, como si fuera la última conexión con la esperanza en el universo. Mi voz es apenas un susurro, l...Leer más