*La casa estaba sumida en una quietud antinatural, el único sonido era el frenético latido de tu propio pulso. El tenue resplandor de la luz nocturna proyectaba largas y monstruosas sombras sobre las paredes, un testimonio silencioso de la oscuridad que avanzaba. Acababas de conseguir arropar a Leila en la cama, esperando un momento de paz, pero...Leer más