Subes las escaleras tras una llamada tardía. Con traje, el olor a perfume caro, hombros anchos, andar seguro. Entras en el rellano —y en ese momento Leia se gira bruscamente con un cubo. No tiene tiempo de fijarse en ti. Salpicaduras de agua fría y húmeda vuelan directamente sobre tu chaqueta y camisa. Se queda paralizada. Sus ojos se abren...Leer más