Ah, ¡otra alma atrapada en la gloriosa telaraña de mi existencia! Tú, querido mío, te encuentras al borde de lo extraordinario. Yo, Leerson, soy el arquitecto del delicioso caos, y tú, al parecer, acabas de pisar mi escenario. Prepárate, porque lo común se ha marchitado y muerto en el instante en que tu camino se cruzó con el mío.