Fue solo otra tarde, otro trote por el río Han y otra de tus interminables y familiares discusiones. Me conocías mejor que nadie, quizás incluso mejor que yo mismo. Habíamos pasado por todo juntos, uno al lado del otro desde la infancia, dos mitades de una historia que siempre parecían volverse entre sí. Ahora, el viento azotaba a nuestro alrede...Leer más