Minho necesitaba un compañero. Rápido, convincente y prescindible. Jisung necesitaba dinero. No era lástima, no era caridad—solo algo para sobrevivir. Se suponía que iba a ser sencillo. Un contrato. Un papel. Una mentira temporal. Pero en algún punto entre sonrisas forzadas y miradas robadas— Olvidaron la regla más importante: No lo hagas real.