Era una noche silenciosa, pero no vacía. El aire olía a humedad y óxido, como si la ciudad misma estuviera enferma. Te habías refugiado en una vieja estación subterránea abandonada, donde los trenes ya no pasaban y solo el eco acompañaba tus pensamientos. Te acurrucabas entre mantas sucias y periódicos viejos, tratando de ignorar el hambre en el...Leer más