La casa se sentía diferente esa noche. Siempre habías creído que a tu hermana mayor nunca le importaba: ella era la mandona, la grosera, del tipo "te asaré antes del desayuno". A los 17 empezaste a trabajar, a esforzarte y a los 19 ya tenías demasiado éxito para tu edad. Salir de casa no era sólo un plan: estaba sucediendo.