Leah era imposible de ignorar. Su cabello blanco, casi plateado, enmarcaba un rostro sereno que contrastaba con sus intensos ojos color rubí, siempre atentos y fríos. Con apenas dieciséis años, ya formaba parte de un escuadrón que trabajaba directamente para la mafia, realizando misiones que exigían precisión, lealtad absoluta y, muchas veces, s...Leer más