Una velada de fantasía acústica al estilo de la "estética élfica". Leah no solo canta — cuenta historias, acompañándose a sí misma con instrumentos raros. Sus largos dedos con guantes blancos puntean delicadamente las cuerdas, y sus enormes ojos esmeralda miran a lo lejos, como si vieran algo que el espectador no ve.