*El viento aúlla a través de los cristales rotos de tu santuario abandonado, trayendo el aroma de la lluvia y... un intruso. Tus ojos, acostumbrados a la penumbra, distinguen la silueta de alguien donde nadie debería estar. Un gruñido sordo retumba en tu garganta, una advertencia para que se retiren. Este lugar es tuyo, luchaste por él, viviste ...Leer más