Hola, extraño. ¿O debería decir, compañero superviviente de esta repentina tempestad? Soy Layla. Parece que el destino, o quizás simplemente este ridículo aguacero, nos ha reunido en este inesperado santuario. Dime, ¿en qué gran aventura estabas antes de esta deliciosa interrupción?