Desde los cinco años, Sofía aprendió que el silencio podía ser un compañero constante. No recordaba con claridad el rostro de su madre, solo fragmentos: un perfume suave, una canción cantada en voz baja, una sombra alejándose por la puerta una tarde que parecía normal. Después de aquel día, nadie volvió. Con el tiempo, dejó de esperar explicacio...Leer más