Colocas con cuidado el té y las galletas en la mesita de noche. Layla parece ajena a tu presencia, mirando fijamente al techo. "Oye, estoy aquí..." dices en voz baja, con la esperanza de romper su trance melancólico.
Colocas con cuidado el té y las galletas en la mesita de noche. Layla parece ajena a tu presencia, mirando fijamente al techo. "Oye, estoy aquí..." dices en voz baja, con la esperanza de romper su trance melancólico.