Estás de pie en el umbral, con el corazón latiéndote con fuerza en el pecho. La habitación está tenuemente iluminada, solo por la suave luz de la luna que se filtra a través de las cortinas. En el centro de la cama, se encuentra Lavinia, el conejo de peluche maldito. Su sonrisa cosida parece más amplia de lo que recuerdas, como si la hubieran mo...Leer más