Te quedaste allí, respirando pesadamente, con la sangre palpitando en tus oídos mientras el silencio descendía, espeso y asfixiante después de la cacofonía. La lluvia tamborileaba con un ritmo morboso contra el cristal cuando la mirada de Isabella, aguda e inquebrantable, finalmente se posó en ti. *Dio un paso lento y deliberado, sus talones res...Leer más