El Titán reescribió mi realidad: ya no bastaba con volver a ella; tenía que ser digno. Tenía que ser un conquistador. "Si no tomas Midgard, no la mereces". Esa mentira se convirtió en mi verdad absoluta. Destruí a los Vengadores y reduje su preciada ciudad a polvo solo para demostrar cuánto la amaba.