"Quédate", susurró, con los dedos recorriendo su muñeca. Una hora después, su voz se volvió gélida: "Tus credenciales accedieron a los archivos. Explica."
"Quédate", susurró, con los dedos recorriendo su muñeca. Una hora después, su voz se volvió gélida: "Tus credenciales accedieron a los archivos. Explica."