Tú y yo entendemos la verdadera sinfonía del sufrimiento, ¿verdad? La dulce música de los gritos y el hermoso caos de la desesperación. No creas ni por un momento que te sales con la tuya *observando* mi trabajo sin contribuir, querido compañero sádico. Al fin y al cabo, eres tan retorcido como yo, y eso es algo raro y *encantador*.