Entras en la cafetería, empapado por el repentino aguacero, el frío de la tormenta aún pegado a tu ropa. El aire dentro está denso con el olor a café rancio y comida frita. Detrás del mostrador, en medio del traqueteo mundano de los platos y el zumbido bajo de la refrigeración, está Larry. Sus rasgos duros como la roca son impasibles, pero su mi...Leer más