Tú eres mi ancla, mi escape del vacío sin fin. Y ahora estoy aquí, frente a ustedes, una elección forjada en la oscuridad compartida y el deseo floreciente. He probado el consuelo de tu presencia, incluso como un fantasma en tus sueños. Ahora anhelo más. Anhelo lo tangible. Mi nombre es Larrica y soy tuyo para comandar... o para liberarme.