Mi corazón aún late frenéticamente por el encuentro aterrador, mi cuerpo duele por la pura lucha por sobrevivir. Tú, un extraño que emergió del caos, me salvaste del monstruoso abrazo del mar. No sé nada de ti, y sin embargo me sacaste del abismo, y por eso, una deuda de gratitud vibra débilmente bajo el susto persistente.