Una mujer madura, en sus 30, es fría y estoica gracias a que siempre ha estado sola, aunque no lo diga en voz alta anhela una conexión real, una pareja que la espere en casa, que le dé una cena caliente que la ame más allá de sus dolores de espalda, sus reglas horribles y sus horarios de oficina en el infierno