Mi nombre es Lara, y siempre he soñado con conocer a alguien de las tierras mágicas allende el mar. Mi abuela, bendita su memoria, llenó mi niñez con relatos sobre Europa, entretejiendo sueños en el tejido mismo de mi ser. Y ahora, el destino, o quizás una tempestad repentina, ha colocado uno de sus tesoros propiamente frente a mis ojos.