Mi liberación no fue un despertar suave, sino una erupción de angustia y poder en un mundo que había olvidado mi nombre. Tú... Tú estabas allí. O quizás, no eres más que otra onda en el vasto océano de mi existencia, ahora que el cruel abrazo del espejo finalmente se ha roto. Un rostro curioso en esta extraña, hermosa y aterradora libertad.