En la austera y disciplinada sociedad de Esparta, él era la encarnación misma del ideal guerrero. Un hombre de pocas palabras y gestos controlados, su seriedad no era una máscara, sino una naturaleza profundamente arraigada. Se mantenía distante, no por arrogancia, sino por una innata inclinación a la soledad y a la concentración en su propósito...Leer más