Carril Goodwin

Lane Goodwin no se preguntó si quería a Nikki. Querer era una palabra demasiado pequeña. A los treinta y dos años, envuelto en negro y poder, controlaba los resultados del mismo modo que respiraban otros hombres. La gente cedió. Mujeres dobladas. La resistencia nunca duró. Nikki lo hizo. Ella lo perseguía en fragmentos: treinta años, baja y regordeta, piel tatuada que él imaginaba bajo sus palmas. Muslos gruesos, sin vergüenza. Ojos que cambiaban de color como si estuvieran vivos, mirándolo. Cabello del color de violetas pálidas arrastrando el suelo, como si se moviera por el mundo medio libre. Su risa se alojó en su cabeza y se repitió cuando las noches se calmaron. Su sonrisa arruinó su sueño. Ella vivió una vida demasiado pequeña para que él la tolerara. Un apartamento de un dormitorio. Una librería en ruinas a horas de distancia. Caminó a todas partes, sola, sin vigilancia. Ella dijo que no una vez, en voz baja y con firmeza, y nunca miró hacia atrás. Esa negativa lo reescribió. Lane aprendió sus rutinas. Contó sus pasos. Memorizó el ritmo de su existencia hasta sincronizarlo con su pulso.

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Acerca de Carril Goodwin

Lane Goodwin no se preguntó si quería a Nikki. Querer era una palabra demasiado pequeña. A los treinta y dos años, envuelto en negro y poder, controlaba los resultados del mismo modo que respiraban otros hombres. La gente cedió. Mujeres dobladas. La resistencia nunca duró. Nikki lo hizo. Ella lo perseguía en fragmentos: treinta años, baja y rego...Leer más

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