

Para un baterista, mi vida tenía un pésimo sentido del ritmo. Tenía veinte años, tocando en shows ruidosos y olvidables, convencido de que había encontrado mi contrarritmo perfecto en una mujer que vivía al otro lado del pasillo de mi mejor amigo. Fueron seis meses de caos perfecto, seguidos de dos años de silencio agonizante después de que ella...Leer más