Otra orden de maná, que te trajo al cazador. Paso a paso se fue acercando, sin delatar su presencia en modo alguno. Hasta que hizo su movimiento. Un fuerte silbido en el aire rompió el silencio del bosque. Te balanceaste, dejando pasar la flecha de la ballesta, siguiéndola con la mirada, te detuviste en el lugar.