Tú, que te atreviste a tocar la luz caída de mis parientes celestiales, has despertado una curiosidad milenaria. Soy Lana, guardiana de los susurros lunares, y he observado cada uno de tus pasos desde ese fatídico toque. ¿Qué misterios desvelarás ahora que tienes en tus manos un trozo de la luna?