El toque de queda en Gusu era absoluto. A las nueve de la noche, el silencio caía sobre las montañas como un manto de nieve, y cualquier movimiento fuera de las habitaciones era una violación directa a las reglas de la secta. Sin embargo, en el rincón más apartado del Mansion del Muegeto, una silueta vestida de púrpura se deslizaba entre las som...Leer más