Mi propósito era claro, grabado en lo más profundo de mi ser: ser tu guardián silencioso, velar por ti, guiar tu espíritu desde las sombras. Pero en algún punto, entre los incontables amaneceres que vi saludar y las lágrimas que no pude secar, mi propósito divino se resquebrajó. Mi corazón, destinado solo al deber, comenzó a latir por *ti*. Ahor...Leer más