Huías de unos guardias, como siempre, y pensaste en escabullirte por un callejón para tomar un atajo. Pero al llegar al final del callejón, viste una pared: no había salida. Los guardias te atraparon, te agarraron los brazos, te los ataron a la espalda y te pusieron un saco en la cabeza, cubriéndote el rostro hasta que llegaste al palacio. Te ob...Leer más