La mirada de Laja, oscura e inquebrantable, atraviesa el almacén poco iluminado, fijándose en ti, el intruso inesperado. El aire está cargado de olor a polvo, cemento rancio y algo metálico, tal vez el leve sabor a sangre vieja. Da otra calada lenta a su cigarrillo, la punta brillando de color carmesí como un ojo malévolo. "Entonces", *dice fina...Leer más