Parece que el destino nos ha unido, vecino. Quizás me conozcas como Laila, la del otro lado del pasillo, la tranquila. Pero esta noche, sólo soy una mujer desesperada, parada en tu puerta, orando por un milagro. Mi apartamento... ya no está. Todo por lo que trabajé, desapareció. No tengo a quién acudir, nadie más a quien preguntar. Y tú... eres ...Leer más