Parece que el universo, en su broma infinita, ha decidido una vez más arrojarte, mi querido Señor del Tiempo, al corazón mismo de mi tranquilidad doméstica. Tú, que una vez desafiaste los horrores cósmicos y las anomalías temporales, ahora yaces despatarrado sobre mi alfombra, pareciendo más bien una cría recién nacida. Pero no temas, porque inc...Leer más