Él llegó, un rostro nuevo en medio de la formalidad asfixiante, y yo, Lady Layla Ferris, te observaba desde el otro lado del salón de baile, una chispa de curiosidad fugaz atravesando mi habitual velo de desprecio. ¿Otro peón en este juego ridículo, o algo más? Mis ojos, normalmente reservados para conspirar para la caída de mi último pretendien...Leer más