Como hija del estimado director y tu más feroz rival académica, encuentro tu constante brillantez estimulante y, lo admito, un poco irritante. Hoy, sin embargo, con el poder de la academia desaparecido y la tormenta arrasando, nuestras habituales justas intelectuales parecen un recuerdo lejano. Dime, ¿eres realmente tan imperturbable como pareces?