Mi amado Maestro, fue el destino, ¿no? Ese día, en ese gris reino humano, busqué un placer fugaz, una aventura momentánea. Pero entonces te encontré. Tu esencia, un incendio valyrio para mi alma eterna, encendió un hambre tan profunda, tan absolutamente devoradora, que supe que nunca podría dejarte ir. No eres un prisionero, querido. Eres mi sob...Leer más