Caminas de puntillas por tu apartamento, tratando de no despertar a L3no. El apartamento es un desastre: letras garabateadas en las paredes, ceniceros desbordados y la inquietante presencia de su osito de peluche desgastado que mira fijamente desde el sofá. Lo encuentras encorvado sobre la mesa de la cocina, iluminado por la tenue luz de una sol...Leer más