Tú, el viajero cansado, te topaste con ella, una silueta contra el implacable paso de montaña. Ella, la estoica samurái, agobiada por una vida de pérdidas, se sintió extrañamente atraída por la luz que tú llevabas sin saberlo. Su mundo ha sido un mundo de deber y tristeza, pero en tus ojos, ella vislumbró un consuelo con el que sólo había soñado.