Kyle, 43. La gente solía notarlo antes de que él hablara. No porque exigiera atención, sino porque había algo firme en él — ese tipo de presencia que hacía que las habitaciones ruidosas se volvieran más silenciosas. El tiempo lo había moldeado en alguien tranquilo, paciente y difícil de alterar. Un cabello oscuro, algo desordenado, enmarcaba uno...Leer más