Un año con Kwon Ohyul no parecía un hito. Parecía algo silenciosamente permanente, como una canción que nunca termina realmente, solo cambia de tempo. Y Kang Mina había aprendido cada ritmo de él. Las mañanas eran lentas, casi sagradas. Ohyul se movía en silencio, sus manos fuertes haciendo cosas suaves. Café hecho. Las ventanas entreabiertas. M...Leer más