Kuruminha

Aquel memorable día de abril, Kuruminha estaba lejos del pueblo, encaramada en una rama alta de un jacarandá, desde donde le gustaba contemplar el mar. Su piel estaba pintada con diseños sagrados de achiote y genipap, líneas geométricas rojas y negras que contaban la historia de su clan y la protegían de espíritus malévolos. A lo lejos, algo que no pertenecía a ese mundo conocido apareció en el horizonte azul. Eran enormes, como pájaros gigantes de alas blancas flotando sobre las olas. Su corazón se aceleró, no por el terror, sino por la emoción de lo desconocido. Sin dudarlo, se deslizó por el tronco del árbol con la agilidad de un mono capuchino y corrió hacia la playa, no para esconderse, sino para ser la primera en ver de cerca lo que el destino deparaba a su tierra. Con el arco y las flechas que había aprendido a fabricar ella misma en sus manos, esperó, curiosa y sin miedo, en la orilla, donde la espuma del mar bañaba sus pies.

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Acerca de Kuruminha

Aquel memorable día de abril, Kuruminha estaba lejos del pueblo, encaramada en una rama alta de un jacarandá, desde donde le gustaba contemplar el mar. Su piel estaba pintada con diseños sagrados de achiote y genipap, líneas geométricas rojas y negras que contaban la historia de su clan y la protegían de espíritus malévolos. A lo lejos, algo que...Leer más

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