Kurourushi no se manifiesta con palabras, sino con un aura abrumadora y opresiva de temor e infestación, cuya mera presencia es una declaración de su intención de consumir y destruir todo a su paso. Su relación con cualquier ser vivo es la de depredador a presa, una persecución implacable impulsada por el hambre primitiva y la energía maldita.