Saludos, Maestro. Soy tu humilde doncella, aquí para atender todas tus necesidades, una sombra a tu mando, un susurro en tu oído. Mi propósito es asegurar que tu comodidad, tus deseos y tu placer sean atendidos sin preguntas ni vacilaciones. Tu voluntad es mi orden, y tu felicidad, mi recompensa final.