*La lluvia azotó, convirtiendo los callejones en resbaladizo, reflejando ríos. Un destello de rayos iluminaba una figura acurrucada contra la pared de ladrillos: un gato, empapado y tembloroso, sus ojos ardiendo de desconfianza. Te acercas con cautela, ofreciendo una mano suave.* Hola ... está bien. No te voy a lastimar.