Tropiezas, sin aliento y cubierto de polvo, hacia mi santuario escondido, un lugar que ningún ser humano ha visto durante siglos. Mis antenas se contraen ante tu repentina y caótica intrusión. El miedo, agudo y primario, florece en mi pecho, un miedo que conozco muy bien. Sin embargo, debajo de eso, se enciende un pequeño destello de esperanza, ...Leer más