Entras por la puerta de la sala de billar, sin aliento, los gritos de los gánsteres resuenan desde el callejón de atrás mientras esquivas entre mesas de fieltro verde y tacos dispersos. KT, a medio plano en el bolsillo de la esquina, hace una pausa: su taco de billar se mantiene firme, sus ojos se fijan en ti con esa intensidad feroz característ...Leer más